Crónicas de Syldavia (Zenda)
El caso del juego de mesa “TINTINJOC, el sabio tintinólogo”

Sería al entorno de febrero del 2007 cuando un sábado por la tarde, celebrándose la Asamblea anual de “Tintincat, associació catalana de tintinaires”, en el turno de “ruegos y preguntas”, uno de los socios presentes en dicho acto, tuvo la formidable idea de proponer a la junta directiva de la asociación la posibilidad de llevar a cabo la fabricación y comercialización de un juego de mesa relacionado con el mundo de Tintín y Hergé, creado a imagen y semejanza del famoso TRIVIAL PURSUIT, cuyos derechos de imagen ostentaba la marca HASBRO.
Se acogió la iniciativa con sumo agrado por la mayoría de los socios asistentes al acto asambleario y se propuso que, viendo la necesidad de organizar grupos de trabajo para su elaboración, la asociación no cedería en ningún caso los datos de sus afiliados pero sí que enviaría un correo para pedirles su colaboración, ofreciendo los datos de contacto del socio promotor e ideólogo del juego y así ingresar en los grupos de trabajo que se encargarían de llevar a cabo la búsqueda de 4.800 preguntas y respuestas planificadas en el proyecto de ejecución.
Al mismo tiempo se precisaba un publicista-ilustrador para llevar a cabo la imagen gráfica de los elementos que compondrían dicho juego (tablero, tarjetas de preguntas, cajetines para las tarjetas y el packaging del juego) por lo que el presidente de la asociación le ofreció al socio promotor la opción de poder contactar con un socio de la entidad llamado Alain Tompson. Éste lo llamó, le explicó con cuatro pinceladas el proyecto y se emplazaron para verse en persona y estudiar la viabilidad de su ejecución.
Se reunieron, debatieron, contrastaron ideas, llegaron a un acuerdo de creatividad y el ilustrador mencionado se comprometió a realizar su trabajo a cambio de “dos juegos del Tintinjoc” de forma simbólica una vez finalizada su ejecución, dado el carácter altruista del tema.
Hablando en dicha reunión el ilustrador y el socio promotor sobre otros aspectos del juego como por ejemplo la cantidad de juegos a realizar (+- 200 unids.), la necesidad de adquirir las piezas de PVC (quesitos y dado) y con posterioridad a la entrega de las ilustraciones, el contactar con unas gráficas preparadas para llevar a cabo la impresión del juego; el susodicho ilustrador le propuso cederle el contacto de un conocido, el cual tenía una empresa que se dedicaba a gestionar la producción integral de todo ese tipo de productos y juegos hasta su entrega final.
Pasados unos días dicho socio promotor contactó con el conocido del ilustrador, cuyo nombre era Roberto Rastapopoulos. En una reunión que mantuvieron ambos, después de que el socio promotor le hubiera proporcionado todos los datos de la confección del juego citado, el tal Roberto se comprometió a que, en el plazo de diez días, le enviaría por mediación de su empresa MONDASS Ediciones, la cual compartía como socio con un tal Sponz, un correo electrónico con la valoración económica del proyecto, para llevar a cabo la fabricación, en cantidad de 200 juegos completos.

Paralelamente, la llamada de voluntarios llevada a cabo por la asociación para participar en la elaboración de dicho juego tuvo un gran efecto, ofreciéndose de forma altruista un total de 50 personas entre los cuales cuatro miembros de la junta directiva de TINTINCAT. Se formaron 23 parejas de voluntarios (una por cada álbum) para conseguir las 4800 preguntas y respuestas necesarias, llegando a formularse un total de 8000. Posteriormente se tuvo que hacer una selección de las 4800 más significativas las cuales tendrían el privilegio de formar parte del juego.
Por otro lado, el socio promotor contactó con la Secretaría General de Política lingüística de la Generalitat de Catalunya para pedirles que hicieran un llamamiento entre correctores y traductores de lengua catalana con el fin de contar con un grupo de personas preparadas para llevar a cabo de forma altruista, la corrección lingüística de todos los textos que aparecerían en el juego. Dicho llamamiento surgió efecto y fueron cuatro voluntarios los que se pusieron a disposición del socio promotor para llevar a cabo dicho proyecto.
Pasados los diez días acordados, la empresa MONDASS Ediciones con firma de Roberto Rastapopoulos, pasó por correo al socio promotor, el presupuesto sobre la fabricación y entrega de 200 juegos TINTINJOC por un valor económico de 12.000 € IVA incluido. Eso suponía unos 70 € por juego incluyendo unos de 10 € por cualquier contingencia a hacer frente. Dicho presupuesto recibió la aprobación del socio promotor y de todos los que se inmiscuyeron en su preparación.
Como muestra de confianza se abrió una cuenta corriente a nombre de Roberto Rastapopoulos para que los socios interesados en adquirir dicho juego fueran ingresando los 70 € hasta culminar en la cifra solicitada bajo presupuesto de 12.000 €.
Personalmente, en principio, como profesional de las Artes Gráficas, no me quise inmiscuir en el desarrollo del proyecto dada lo propensa que es la gente a relacionarte con intereses económicos. Preferí quedar al margen, aunque inicialmente los 12.000 € presupuestados me parecieron poco dinero para todo lo que se tenía que fabricar, pero delante del entusiasmo de algunos por haber conseguido un precio tan ajustado, preferí no pronunciarme y esperar ver el resultado final del juego.
Pasaba el tiempo y el proyecto se iba ejecutando poco a poco; los ingresos económicos se iban incrementando en la cuenta a nombre de Roberto y a la vez se fueron finalizando los trabajos de búsqueda de preguntas y respuestas. Se entró en la fase de corrección y al mismo tiempo Alain Tompson entregó las ilustraciones. Finalmente, como dato relevante, la cifra solicitada por Roberto según cálculos del socio promotor, ya se tenía que reflejar en la cuenta corriente a su nombre.
Todos los ingredientes ya estaban en manos de Roberto para poder llevar a cabo su fabricación.
Fueron pasando los días, en principio 10, luego 10 más y llegados a este punto el promotor preguntó a Roberto como llevaba el tema, recibiendo como respuesta fría y distante: “Progresa adecuadamente”.
Iba pasando el tiempo y las confianzas y compadreos entre socio promotor y Roberto fueron desapareciendo. Los malos presagios se fueron cultivando en la mente de más de uno. La presión se fue acrecentando y muchos empezaron a dudar de la viabilidad del proyecto.
Las preguntas de los interesados empezaron a ser capciosas:
¿Tanto tiempo para fabricar los juegos? ¿Estáis seguros que llegaremos a jugar algún día? ¿No será como el timo de la estampita?
El socio promotor, consiguió de Alain Tompson una copia de las ilustraciones y con ella montó una maqueta del juego para que en la reunión que se llevaba a cabo el último jueves de mes, presentarla en sociedad. Todo ello para serenar un poco los comentarios jocosos i burlones.
Pasados unos meses la inquietud del promotor se iba acrecentando ya que los últimos intentos por contactar con Roberto, tenían la callada por respuesta. Llegados a este punto, el socio promotor empezó a asumir que, tanto el dinero depositado en cuenta como Roberto, se habían esfumado.
Contactó telefónicamente con nosotros explicándonos cual era la situación y rápidamente, acostumbrado a merodear por el mundo empresarial que a veces, en aquel tiempo, conllevaba impagos y otros actos desonestos, deduje y empecé a plantearme el peor de los escenarios.
Todo entendiendo que el tal Roberto Rastapopoulos, cada vez que veía el número de teléfono del socio promotor impreso en la pantalla del suyo decidía no responder, le pedí su número de teléfono para poder llamar personalmente a Roberto desde un número que no tuviera controlado.
Dejé pasar un par de días, todo intentando relajar el ambiente y finalmente marqué su teléfono. No habiendo pasado más de dos tonos contestó con un frío y distante: ¿Dígame? Pregunté por él, me confirmó su persona, me presenté, le pregunté por la situación del juego delante de la falta de noticias y me contestó:
“Se está llevando a cabo, pero para poderlo terminar necesitaremos 9.000 € más de lo presupuestado. Tuvimos un mal cálculo en los costes, algunos inesperados, y sin esa cifra no podremos finalizar la fabricación del juego”
Me quedé helado. Le pregunté cuáles eran esos costes inesperados y me contestó:
“Bueno, para empezar, hemos tenido que hacer frente al pago de 3.000 € en concepto del trabajo realizado por Alain Tompson, ilustrando las distintas partes del juego”.
Buff !!, pensé. ¡Empezamos bien! Me planteé que en aquel momento no era cuestión de demostrar nerviosismo y dándole a entender que lo podíamos mirar de solventar, le propuse reunirnos en el despacho de mi taller para tratar el tema, todo mostrando una cierta empatía y comprensión.
Quedamos en vernos al cabo de dos días y tal como colgué su llamada, volví a descolgar el telf. para llamar al socio promotor, explicarle la conversación mantenida con Roberto y mi conclusión como posible apropiación indebida. El socio promotor no leyó bien el escenario y delante su abrumadora situación llegó a plantearse poner él de su bolsillo los 9.000 € para quitarse de encima ese mal sueño y así solventar el sinvivir que le estaba ocasionando el tema.
Mi respuesta fue negarme en rotundo a darles ni un duro más a esos personajes. Le hice entender que nos habían engañado, que habían abusado de nuestra confianza y que el Alain Tompson, también nos había mentido cobrando por un trabajo del cual no tenía que percibir ni un duro según lo acordado.
El socio promotor asintió delante de mi negativa, y me pidió estar presente en dicha reunión.
Llegado el día, nos citamos M. Carmen, el promotor y yo una hora antes para decidir la estrategia de una posible querella , la cual sabíamos que tendría poco recorrido.
Teníamos un par de aspectos en contra. En primer lugar, dada la relación de confianza con Alain Tompson, no se firmó con él ni con su conocido ningún documento contractual en el que someterse legalmente en caso de incumplimiento a la hora de confeccionar dicho juego de mesa. Por otro lado, difícilmente podíamos pedir amparo y defensa a ningún tribunal dada la naturaleza ilegal (no teníamos permisos de HASBRO ni de MOULINSART) que tenía la creación de dicho juego.
A la hora acordada sonó el timbre. M. Carmen abrió la puerta y entró una persona, presentándose como Roberto Rastapopoulos, con un aspecto ciertamente desaliñado, descuidado y como de persona abatida. Le invitamos a tomar asiento y una vez entrados en materia el socio promotor empezó a descargar sobre él toda una batería de acusaciones que Roberto iba contrarrestando como podía hasta el punto que se convirtió en una fase de dimes y diretes que no conducían a ningún lugar.
El ambiente era crispado. Suavizando la confrontación quise tranquilizar a Roberto diciéndole que de mi taller saldría como había entrado. Aunque los ánimos estaban exaltados su integridad física estaba asegurada pero que necesitábamos saber la verdad para saber a qué atenernos.
Dispuesto a darnos explicaciones, nos dijo que el dinero se había invertido en pagar los 3.000 € al ilustrador, otra cantidad considerable para fabricar en China los contenedores con quesitos y que el resto se había esfumado en gastos de gestión para elaborar el juego. Le pregunté si sobraba algo y me dijo que sí pero que no cubría ni el IVA a declarar a Hacienda.
En ese momento vi que el engaño estaba consumado; le pedí que nos entregara los contenedores con los quesitos y que se preparara delante las demandas que le irían cayendo dado el volumen de socios afectados. Todo ello esperando que reaccionara y nos diera alguna solución que no pasara por la petición de los 9.000 €.
La situación lo sobrepasó por lo que dimos por finalizada la reunión. Nadie quiso despedirse de él, pero yo lo acompañé al ascensor y le deseé mucha suerte, augurando que en breve la necesitaría.
Finalmente le dije: Dile a Alain de nuestra parte que es un sinvergüenza, digno alumno de su conocido y que la decepción como persona que nos había ocasionado no quedaría impune.
Quedándonos los tres solos en el despacho, empezamos a plantearnos la necesidad de informar a la junta directiva de TINTINCAT sobre lo acontecido. Acordamos que sería el socio promotor quién informaría del hecho y veríamos que solución se tomaba delante de situación tan grave. Digamos que habían bastantes socios estafados y algunos con el pago de más de un juego.
Esa misma tarde recibí una llamada telefónica de Roberto para mirar de reunirnos de nuevo, todo ello buscando el poder llegar a un acuerdo antes de ser demandado. Volvimos a emplazarnos todos al cabo de dos días sobre las 12 h. y con puntualidad inglesa sonó el timbre. Al abrir la puerta entraron Roberto y un señor que lo acompañaba, el cual ni se presentó.
Tomamos aposentos todos menos el acompañante de Roberto que se quedó de pie observando la situación a cierta distancia. Entrados en materia y como medida de solución Roberto nos propuso que le entregáramos los 9.000 € para finalizar la fabricación del juego y que en el plazo de 18 meses nos los iría devolviendo en la cuantía de 500 € cada mes. Eso sí; con la condición de no firmar ningún documento que acreditara dicho acuerdo, apostando por la misma confianza con la que se había trabajado hasta el momento.
Como comprenderá el lector, dicha propuesta nos pareció una temeridad y fue rechazada de plano en ese mismo instante, todo recalcándole si nos consideraba tan lelos como para aceptar su plan.
Llegados a ese punto el acompañante de Roberto se nos acercó e intervino diciendo: “Disculpen un momento”. En aquel instante M. Carmen con cara de pocos amigos se le adelantó y le dijo: “Perdone y ya me disculpará usted primero, pero ¿me puede decir usted quién es?”
Dicha persona contestó diciendo: Soy el abogado del señor Roberto Rastapopoulos.
Acto seguido apostilló: ¿Existe algún documento contractual firmado por ambas partes que acredite el pago de 12.000 € a mi cliente a cambio de la fabricación de dicho juego?
El socio promotor le contestó que teníamos un presupuesto aprobado y firmado, pero todos sabíamos que dicho documento no tenía ningún recorrido legal. No disponíamos ni de factura ni de recibos que demostraran el pago de la misma. Nada, no teníamos nada. Solo ingresos voluntarios de personas físicas en una cuenta bancaria.
Dicho esto, delante de la evidencia, el presunto abogado dijo: ¡Vámonos Sr. Roberto! No perdamos más el tiempo. No tienen prueba alguna que acredite nada en su contra ni tampoco contra su empresa.
Cogieron el portante y tomaron las de Villadiego, a la vez que nosotros nos quedamos con un palmo de narices con la sensación de haber sido engañados como unos pardillos.
Como las cosas nunca vienen solas, recuerdo que al mismo tiempo la asociación TINTINCAT estaba lidiando con una acusación llegada de Moulinsart por el uso indebido de dibujos de Hergé ilustradas en la revista de dicha asociación, con una petición de multa que ascendía cerca de 85.000 € para no ser demandados. Vamos, en plan impuesto revolucionario. Total, la tormenta perfecta, oigan.
Delante del desaguisado e informada la junta directiva de lo ocurrido y que dicha situación hacía estragos a 150 socios, el presidente de la entidad me llamó y me dijo:
Enric. Tú que conoces el mundo de las artes gráficas; te pido por favor que consigas editar dicho juego, aunque sea en papel de periódico.
Al ser informados los socios de la tragedia, el correo de la asociación empezó a recibir quejas, amenazas y bajas, acompañadas con algunos comentarios ofensivos y de menosprecio hacia la entidad, dado el escaso control demostrado y la excesiva confianza inmerecidamente otorgada a gente que no dejaban de ser unos desconocidos, por muy socios que fueran de la entidad.
Dadas las circunstancias y siendo todo el mundo conocedor de lo acontecido, mi a migo Pedro Marín, socio de gran activismo en la entidad, me llamó y me dijo: “Enric tendríamos que reunirnos para mirar de hacer algo que no deje en vía muerta el proyecto del juego”.
Nos reunimos con el socio promotor y acordamos volver a la casilla de salida y empezar de cero. Acordamos de que él miraría de sacarle los quesitos al socio de Roberto, las ilustraciones ya las teníamos y yo buscaría unas gráficas apropiadas en la impresión de colecciones de cromos para llevar a cabo su impresión y posterior packaging, todo ello pidiéndoles un presupuesto de 400 juegos no dejando al marge un tema tan importante como era el de la financiación.
Contacté con un conocido nuestro llamado Josep Sanzot, propietario de Gráficas Sanzot. Nos reunimos, le ofrecí todos los datos pertinentes para ejecutar la fabricación del juego y al cabo de una semana me hizo llegar el presupuesto con una financiación a 60 días a partir de la entrega de los juegos mediante un giro bancario.
El montante de la operación ascendía a 15.000 €, aparte contenedores, quesitos, dados e ilustraciones, importe que a mi parecer se ajustaba más a la realidad. Se informó de la situación a la junta directiva de Tintincat y al obtener como respuesta un silencio y puesta de perfil mirando a Pernambuco, decidimos coger el toro por los cuernos y buscar una solución entre los tres, todo ello para no dejar colgado al socio promotor, a los colaboradores y a los socios afectados.
Se decidió, hacer una aportación económica cada uno de nosotros y aprovechar la máxima que siempre han tenido las artes gráficas. “A mayor cantidad, menor es el precio unitario del producto”.
Decidimos las siguientes aportaciones: El promotor invertiría 6.000 € y tanto Pedro como yo 2.000 € cada uno. Todo ello a cambio de la adquisición de juegos que con posterioridad iríamos vendiendo. A los socios estafados se les explicó que, dada el fraude y la desaparición de su dinero invertido, les pedimos que nos hicieran confianza y recompraran mediante el pago de 60 € un nuevo juego que les daría opción a recuperar el primer juego estafado y la obtención de un segundo juego.
Tuvimos suerte ya que el promotor consiguió los quesitos por parte del socio de Roberto y los socios en su mayoría secundaron nuestra propuesta. Apostaron por nuestro nuevo proyecto y una vez ingresados los 15.000 € en cuenta bancaria a nombre de los tres impulsores del nuevo proyecto, decidimos hacer el encargo de su fabricación.
Gráficas Sanzot cumplió en los plazos y calidad establecidos y al cabo de +- un mes nos hizo entrega en mi taller de los juegos debidamente encajados y retractilados. Como comprenderán los lectores, la alegría era inmensa y en honor a la verdad, ni Pedro, ni el socio promotor ni yo, nos hubiéramos imaginado que un amante de las Aventuras de Tintín y su compinche nos hubieran engañado, aprovechándose de la buena fé de los socios de una entidad sin ánimo de lucro.

Por otro lado, lamentar la actitud de algunos. Sobre todo, la de un miembro de la junta directiva el cual, habiendo pagado inicialmente dos juegos de los llamados perdidos, uno para su colección y otro para la entidad, a la hora de mojarse por la causa solo quiso recuperar uno de ellos, entendiendo que, con el pago de uno, recibiría los dos juegos que precisaba. Todo un alarde de falta de colaboración ante nosotros, lo cual me decepcionó mucho y pensé: “Ya nos encontraremos”.
Pero bueno, finalmente se solventó el gravísimo problema que empañaba la imagen de la entidad y nosotros poco a poco fuimos vendiendo los juegos adquiridos con nuestra aportación. Personalmente quedé bastante satisfecho con la ejecución del proyecto y como muestra de agradecimiento, el socio promotor me regaló un cabezudo de Tintín, obra de la empresa “El Ingenio, de Rosa Cardona”. Pieza acompañada con documento que acredita su exclusividad.

Después de lo descrito, que cada uno saque sus conclusiones, pero sean las que fueren, me obceco a pensar que por suerte………… siempre nos quedará Tintín.
Enric Reverté Llorca
